La Pascua del nuevo pacto

La Pascua es el núcleo de la Biblia

La Pascua es el núcleo de la Biblia y tiene un valor inimaginable para aquellos que desean seguir a Dios. A través de la Pascua, Dios concede muchas bendiciones, como la protección contra los desastres, el perdón de pecados y la vida eterna.

La Pascua es la primera de las siete fiestas anuales de Dios, que se agrupan en tres. Dios estableció estas fiestas y ordenó a su pueblo que las celebrara como santas convocaciones de generación en generación.

Lv. 23:5-6 “En el mes primero, a los catorce del mes, entre las dos tardes, pascua es de Jehová. Y a los quince días de este mes es la fiesta solemne de los panes sin levadura a Jehová;”

El segundo grupo incluye el Día de Resurrección y el Día de Pentecostés. El tercer grupo incluye la Fiesta de las Trompetas, el Día de Expiación y la Fiesta de los Tabernáculos, que se celebran en el séptimo mes del calendario sagrado.

El origen de la Pascua

Los israelitas fueron esclavizados una vez en Egipto. Durante 430 años, clamaron a Dios pidiéndole libertad. Aproximadamente en 1498 a. C., Dios respondió sus oraciones enviando a su profeta, Moisés, para liberar a los israelitas de Faraón. Cuando Faraón se negó, Dios envió plagas de sangre, ranas, piojos, moscas, ganado, úlceras, granizo, langostas y tinieblas. Antes de enviar la décima y última plaga para matar a los primogénitos varones de hombres y animales, Dios ordenó a Moisés y a los israelitas que celebraran la Pascua para protegerlos.

Éx. 12:1-13 “Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año. […] tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, […] Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán. […] y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová. […] Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto.”

Al poner la sangre del cordero de la Pascua en los dos postes y en el dintel de las casas, los israelitas fueron protegidos de la plaga de la muerte y finalmente liberados de sus años de esclavitud. Posteriormente, comenzaron su viaje hacia la tierra prometida, Canaán.

Los israelitas fueron testigos del poder de Dios a través de la Pascua. Este fue el origen de la Pascua. Y Dios lo convirtió en un mandamiento eterno que debe cumplirse de generación en generación.

Éx. 12:14 “Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis.”

La Pascua del nuevo pacto

En el Antiguo Testamento, Dios protegió a su pueblo de sus enemigos y les dio muchas bendiciones físicas cuando guardaron la Pascua. En el Nuevo Testamento, Dios ordena a su pueblo que celebre la Pascua del nuevo pacto para concederles bendiciones espirituales: el perdón de pecados, la vida eterna y la promesa de regresar al reino de los cielos.

Mt. 26:17-18 “El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que preparemos para que comas la pascua? Y él dijo: Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos.”

Jesucristo guardó la Pascua del nuevo pacto. Sin embargo, no sacrificó un cordero ni puso su sangre en el dintel de las casas.

Mt. 26:26-28 “Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

Lc. 22:20 “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.”

Durante la Pascua del nuevo pacto, Jesús prometió su cuerpo y su sangre para el perdón de pecados. Jesús estableció la Pascua para su pueblo, para aquellos que creen en Cristo. La importancia de la Pascua va más allá del perdón de pecados. Es la única forma de recibir la vida eterna para poder entrar en el cielo.

Juan 6:50-54 “Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; […] Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Después de la ascensión de Jesús al reino de los cielos, los discípulos continuaron celebrando la Pascua en la época apostólica. Y hoy, la Iglesia de Dios celebra la Pascua del nuevo pacto como Jesús la estableció hace dos mil años en el tiempo señalado: el día catorce del primer mes según el calendario sagrado.

La luz de la Pascua del nuevo pacto

Durante más de 1900 años, la verdad de la Pascua del nuevo pacto ha estado oculta. Mediante el poder de Dios, ahora podemos entender que la Pascua, que da vida eterna a los que la celebran, ha sido restaurada. La luz de la Pascua del nuevo pacto resplandece ahora en todos los rincones del mundo. Y tenemos la oportunidad de participar en la promesa que Dios nos dio al derramar su propia sangre. Vea la historia de la Pascua y comprenda su importancia para los cristianos de hoy.