El sistema de la familia celestial

Desde el principio de los tiempos, las personas han valorado a la familia como la base de su vida. Aunque las familias pueden variar en cultura y tradiciones, se acepta universalmente que una familia convencional está formada por un padre, una madre y sus hijos. El hecho de que el sistema familiar terrenal incluya un padre, una madre e hijos no es arbitrario; es el resultado de la providencia divina de Dios para mostrarnos la existencia de la familia celestial.

Origen del sistema familiar

“los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, […]” He. 8:5

Para hacernos entender el santuario celestial, que no podemos ver, Dios le ordenó a Moisés que construyera el santuario terrenal como figura y sombra del celestial. También podemos aplicar el principio de “figura y sombra” al sistema familiar. Para enseñarnos sobre el sistema familiar celestial, Dios creó el sistema familiar terrenal como figura y sombra del sistema familiar celestial.

En resumen, el prototipo del sistema familiar se originó en el cielo, y podemos ver que este patrón se repite en esta tierra como el diseño predeterminado para las familias terrenales.

Con estos puntos en mente, podemos estar seguros de que cada uno de los miembros del sistema familiar terrenal se pueden encontrar en el sistema familiar celestial. Podemos confirmar este hecho a través de la Biblia. Entre los miembros de la familia, pensemos primero en el padre.

Dios Padre

“Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?” He. 12:9

El escritor de Hebreos enfatiza que todos tenemos padres humanos. Esto ilustra el hecho de que los padres son representaciones del Padre de nuestros espíritus. Sabemos que nuestros padres humanos habitan en esta tierra. ¿Dónde, entonces, está el Padre de nuestros espíritus? Debe de estar en el cielo.

“Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” Mt. 6:9-10 Todos los cristianos están familiarizados con esta oración. Además de hacerles saber a sus discípulos por qué orar, les hizo saber cómo dirigirse a Dios. Jesús pudo haberles enseñado a orar a Dios como Señor o Maestro, pero no lo hizo. En cambio, les dijo que lo llamaran Padre; es por eso que la oración se titula “Padre nuestro”.

Considerando esto, podemos entender que el Padre de nuestros espíritus es Dios Padre en el cielo. Así como tenemos padres humanos en el sistema familiar terrenal, tenemos un Padre celestial en el sistema familiar celestial.

El título “padre” implica que un hombre tiene hijos. Independientemente de la edad que tenga un hombre, si no tiene hijos, nunca podrá ser llamado padre. De la misma manera, si Dios Padre no tuviera hijos, no podríamos referirnos a Él como “Padre”.

Hijos de Dios

En la familia terrenal, que es figura de la familia celestial, también hay hijos. Los hijos de un padre se distinguen como hijos e hijas. Esto significa que también hay hijos e hijas en la familia celestial.

“Y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.” 2 Co. 6:18

Nuestro Padre celestial nos reconoce como sus hijos e hijas. A través de este versículo, nos damos cuenta del hecho de que somos hijos celestiales. Así como la familia terrenal está compuesta por un padre y sus hijos, la familia celestial está compuesta por el Padre celestial y sus hijos.

En la tierra, los hijos de un mismo padre se llaman hermano y hermana. De la misma manera, nosotros, que somos hijos de Dios Padre, somos llamados hermanos y hermanas celestiales.

En esta tierra, es de sentido común que para que un hombre se convierta en padre, debe haber una mujer, una madre, que dé a luz a sus hijos. Sin madre, no puede haber hijos ni padre.

Dios Madre

Hay una razón clara por la que Dios enseñó a sus discípulos a llamarlo Padre. El título paterno “Padre” se usó porque sin duda hay una existencia materna opuesta a Dios Padre. La Biblia enseña que también existe nuestro Dios Madre.

“Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre.” Gá. 4:26

Aquí, “nosotros” se refiere a los hijos e hijas de la familia celestial. Entonces, como hijos de la familia celestial, ¿quién es la Jerusalén de arriba? Ella es nuestra Madre. Ella es la Madre de nuestros espíritus.

Así como no podemos existir físicamente sin nuestras madres humanas, nuestro espíritu no puede tener vida espiritual sin Dios Madre. Como principal dadora de la vida, el papel de la madre en una familia es extremadamente importante. El papel de nuestras madres humanas es un vivo reflejo del papel de nuestra Madre espiritual. La simpatía, la dedicación y el sacrificio de una madre por sus hijos se derivan de Dios Madre.

La familia relacionada por la sangre

Dios Padre, Dios Madre y sus hijos e hijas; esta es la familia celestial y el prototipo de todas las familias de esta tierra.

Los padres y sus hijos están relacionados a través del vínculo de su sangre. Esta es la manera absoluta de probar quiénes son los padres naturales de alguien en la tierra, lo cual refleja cómo los hijos celestiales pueden probar que son los hijos e hijas del Padre y la Madre celestiales. A través de su sangre, los padres dan vida a sus hijos. De manera similar, a través de su sangre, Dios Padre y Dios Madre dan vida espiritual a sus hijos.

“Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.” Jn. 6:53

“Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca!” Lc. 22:14-15, 20

La sangre mencionada anteriormente es la sangre de Dios contenida en el vino de la Pascua. Cuando Jesús pronunció las palabras: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre”, nos prometió su sangre a través del vino de la Pascua para que, cuando la bebamos, podamos heredar la sangre de los Padres celestiales.

La Pascua es el análisis de sangre espiritual que prueba que somos hijos de Dios. Una vez que guardamos la Pascua, recibiendo la sangre de Dios, podemos llamar a Dios, Padre nuestro y Madre nuestra. La Pascua testifica que somos miembros de la familia celestial.